Ha pasado un mes desde el último post.
Mis transiciones han ido aumentando y hoy no me encuentro
ni siquiera cerca a donde estaba hace un mes.
El viaje a Toronto se atravesó y con él la oportunidad de
reconciliarme conmigo misma en muchos sentidos.
Sentada en la parte de atrás de un carro gris con dirección
a una ciudad llamada Guelph, abrí la ventana para sentir el
viento en la cara y fue como pinchar el cachete de un niño
con un alfiler... dolor. Un dolor que se transformó en muchas
lágrimas...
Lloré sin para por una hora o dos, no lo sé y con ese llanto
vino una paz que tenía años sin experimentar. Es como cuando
te perdonas por culparte tanto y luego de repente entiendes que
cada paso que diste, te condujo hasta aquí.
Hubo eventos, cenas, fiestas, bailes, gente... este mes me trajo
muchas cosas; entre ellas, mis veinticuatro!!! Que acertados.
Estoy feliz con lo que he hecho de ellos.
Tanto que escribir y yo sin tiempo. Pretextos. Hasta mañana.